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Es la frase más común en consulta, la que más se repite entre los padres y uno de los principales motivos de angustia cuando hablamos de la alimentación de nuestros hijos.

No son niños caprichosos. No son niños delicados. No son niños consentidos ni maleducados. Son niños que están pasando una etapa propia del desarrollo infantil. Esta etapa se denomina Neofobia Infantil Alimentaria y se suele dar entre los 2-6 años de edad. Sí, esta es una noticia buena para aquellos padres que estéis pasando por esta etapa: a los 6-8 años este rechazo a los alimentos nuevos va remitiendo. Eso sí, saber gestionar esta etapa es fundamental para sus hábitos futuros.

«Estefanía, no sabe si le gusta o no porque no lo prueba»

Esta es la frase que más me comentáis en consulta. Precisamente la Neofobia Infantil se caracteriza porque el niño deja de probar alimentos. Alimentos que antes sí comía. O se niega a probar nuevas preparaciones. Es una fobia a todo lo que sea nuevo. Es importante saber distinguir la Neofobia Alimentaria de la Inapetencia. La inapetencia es la falta de hambre. En el caso de la Neofobia el niño sí tiene hambre y quiere comer pero tiene una sensación de «asco» que le impide probar todo lo que no está en su zona de confort alimentario.

«Imagina por un segundo que tuvieras que comer cucarachas… ¿Qué sensación tendrías?»

Cuando os hago esta pregunta muchos padres me contestáis que no podríais comerla. Los niños en esta etapa experimentan una sensación parecida a la que tú acabas de experimentar ahora imaginándote un plato de cucarachas. Esta sensación de «asco» nos ha permitido sobrevivir como especie. Este «asco» es el que evita que comamos carnes y pescados en mal estado. Porque nuestro instinto sabe que si algo está en mal estado es perjudicial para la salud. En niños en esta etapa ocurre algo parecido: tiene una zona de confort alimentario bastante acotada. En muchas ocasiones lloran cuando tienen que comer fuera de casa. Pero ante todo, con esta entrada pretendo hacer un llamamiento a los padres para que tengan empatía con sus hijos. Los niños lo pasan realmente mal. Y es importante que se sientan comprendidos. Y recuerda: la gestión de esta etapa marcará sus hábitos. Y algo que tampoco puedes olvidar: si dejas de ofrecer algo porque «no le gusta» , ese alimento nunca estará dentro de su zona de confort alimentario.